Por fin una Cio cio san con pinta de Cio cio san, un Pinkerton con pinta de borde, (inmaculadamente blanco) pero borde y una Suzuki con pinta de Suzuki, vamos... como tiene que ser.
Tercera representación de Madama Butterfly, en el Palau de les Arts de Valencia, producción alquilada al Teatro Wielki de Varsovia, lleno hasta la bandera y de principio a fin, como en cualquier clásico que se precie, lleno, excepto el palco VIP, que una vez más sólo estaban ocupadas dos de sus doce butacas, ...si, ya se que me pongo muy pesadito con este detalle en particular, pero ahora que me consta que me leen en el Palau, les hago una pregunta: ¿Qué pasaría si en alguna representación, que no fuese un estreno, evidentemente, citaran a 12 estudiantes del conservatorio media hora antes de empezar la función y faltando 2 minutos les dijeran: vosotros 3, 7 ó 12 adentro y el resto conociendo las reglas del juego, a casa? Me pongo en la piel de uno de los afortunados y no pararía de bailar de contento en una semana.
Esta Madama Butterfly es una producción que se deja ver y se deja ver muy bien, sin interferencias, sin rayas en la pantalla, ni asaltadores de caminos que molestan o distraen, ni interminables audio visuales que a excusa de querer ser imprescindibles conceptualidades, te alejan más y más de la esencia natural de la Obra.
Esta Butterfly, no necesita explicaciones, todos conocemos la ópera y lo único que pedimos es un equilibrio natural para disfrutar de una obra que nos sabemos de carrerilla.
Tercera representación de Madama Butterfly, en el Palau de les Arts de Valencia, producción alquilada al Teatro Wielki de Varsovia, lleno hasta la bandera y de principio a fin, como en cualquier clásico que se precie, lleno, excepto el palco VIP, que una vez más sólo estaban ocupadas dos de sus doce butacas, ...si, ya se que me pongo muy pesadito con este detalle en particular, pero ahora que me consta que me leen en el Palau, les hago una pregunta: ¿Qué pasaría si en alguna representación, que no fuese un estreno, evidentemente, citaran a 12 estudiantes del conservatorio media hora antes de empezar la función y faltando 2 minutos les dijeran: vosotros 3, 7 ó 12 adentro y el resto conociendo las reglas del juego, a casa? Me pongo en la piel de uno de los afortunados y no pararía de bailar de contento en una semana.
Esta Madama Butterfly es una producción que se deja ver y se deja ver muy bien, sin interferencias, sin rayas en la pantalla, ni asaltadores de caminos que molestan o distraen, ni interminables audio visuales que a excusa de querer ser imprescindibles conceptualidades, te alejan más y más de la esencia natural de la Obra.
Esta Butterfly, no necesita explicaciones, todos conocemos la ópera y lo único que pedimos es un equilibrio natural para disfrutar de una obra que nos sabemos de carrerilla.
Dicho esto, me atrevería a asegurar que la puesta en escena y dirección de actores de esta Butterfly es una de las más conseguidas que he visto y tengo en la memoria otras de Lindsay Kemp, Keita Asari, Mario Gas o Kan Yasuda.
Mariusz Trelinski, trabaja cada cuadro, cada escena con un equilibrio casi geométrico, perfectamente simétrico o deliciosamente asimétrico, consiguiendo composiciones de una gran belleza plástica.
La dirección de actores es sutil, sin movimientos gratuitos, salvo algún contado giro más o menos infantil y travieso, los figurantes, coro o cantantes se desplazan o quedan quietos formando parte de un paisaje que propicia la concentración del espectador, que en ningún momento le pierde la cara a la obra. Mención especial a los tres criados bailarines que protagonizan un sinfín de situaciones de una plástica bellísima y argumental.
La escenografía es muy apropiada y resuelve sus movimientos con elegancia, pasando del poco a nada con un lento desplazamiento de telón tanto en horizontal como vertical.
Un pequeño susto en el primer acto al aparecer el tío Bonzo colgado del techo que se diluyó tanto como corta es su participación en la tragedia y un excedido altar al comienzo del 2º, que también desaparece entre telones a los pocos minutos, son las únicas objeciones a la estética de la obra, que cautivó con una iluminación inspirada por lo que conozco en imágenes de la Butterfly de Wilson.
Un final muy vistoso, la trama musical da para mucho y el director polaco echó el resto con una puesta en escena impactante, casi monocolor (rojo, como no podía ser de otra forma)
Mariusz Trelinski, trabaja cada cuadro, cada escena con un equilibrio casi geométrico, perfectamente simétrico o deliciosamente asimétrico, consiguiendo composiciones de una gran belleza plástica.
La dirección de actores es sutil, sin movimientos gratuitos, salvo algún contado giro más o menos infantil y travieso, los figurantes, coro o cantantes se desplazan o quedan quietos formando parte de un paisaje que propicia la concentración del espectador, que en ningún momento le pierde la cara a la obra. Mención especial a los tres criados bailarines que protagonizan un sinfín de situaciones de una plástica bellísima y argumental.
La escenografía es muy apropiada y resuelve sus movimientos con elegancia, pasando del poco a nada con un lento desplazamiento de telón tanto en horizontal como vertical.
Un pequeño susto en el primer acto al aparecer el tío Bonzo colgado del techo que se diluyó tanto como corta es su participación en la tragedia y un excedido altar al comienzo del 2º, que también desaparece entre telones a los pocos minutos, son las únicas objeciones a la estética de la obra, que cautivó con una iluminación inspirada por lo que conozco en imágenes de la Butterfly de Wilson.
Un final muy vistoso, la trama musical da para mucho y el director polaco echó el resto con una puesta en escena impactante, casi monocolor (rojo, como no podía ser de otra forma)
Sólo añadir que hay un sin fin de detalles, unos conceptuales otros no tanto que me gustaron y de los que no hago referencia, por no extenderme y mantener el factor sorpresa para las representaciones que quedan.
Entusiasmó y mucho, Oksana Dyka, la soprano ucraniana se metió al público en el bolsillo, dulce y apasionada en toda su representación que redondeo con un final conmovedor.
El también ucraniano Misha Didyk, mejoró su primer acto, con un "Addio fiorito asil" firme y emotivo, muy a tono con el final solemnemente trágico de la Opera.
Maazel, la orquesta y el coro (genial el "Coro a bocca chiusa") son un cheque al portador, el director, pausó y pautó con eficacia el lirismo y la fuerza dramática de una Mariposa que nunca me cansaré de ver volar.
Entusiasmó y mucho, Oksana Dyka, la soprano ucraniana se metió al público en el bolsillo, dulce y apasionada en toda su representación que redondeo con un final conmovedor.
El también ucraniano Misha Didyk, mejoró su primer acto, con un "Addio fiorito asil" firme y emotivo, muy a tono con el final solemnemente trágico de la Opera.
Maazel, la orquesta y el coro (genial el "Coro a bocca chiusa") son un cheque al portador, el director, pausó y pautó con eficacia el lirismo y la fuerza dramática de una Mariposa que nunca me cansaré de ver volar.
